martes, 27 de diciembre de 2016

Cuentos suspensivos

El microrrelato es un género que requiere concentración y cuidado intensivo por parte del lector. El lector distraído se perdería si lo leyera en un santiamén, al tratarse de un texto claramente elíptico. Precisamente ahí reside su misterio, y por eso exige que el lector se incorpore activamente al texto, desde el título de cada pieza hasta su punto final, para resolver el enigma que se plantea, para rastrear en el puzzle narrativo propuesto por el autor y encajar las piezas que pudieran faltar en el mismo. El microrrelato, como subraya Andrés Neuman, necesita de lectores valientes, es decir, que soporten lo incompleto.

En Voces para un tímpano muerto (Talentura, 2016), Miguel A. Zapata (Granada, 1974) parece advertirnos desde el título de su obra de que asistimos a un memorial narrativo complejo en los límites de la creación. El libro contiene un buen puñado de piezas en las que lo personal y lo universal alternan entre sí, a veces con rango surrealista, a veces con cariz enigmático, y otras muchas con absoluta intención desquiciante. El lector, por exigencia del guion, ha de estar dispuesto a padecer fiebre, ruido y mudez, pero también ha de estar atento a lo insólito y a las salpicaduras de humor negro en muchos instantes.

Zapata posee un extenso curriculum de cuentos y microrrelatos que se prolonga a toda una década dedicado a la narrativa breve. Destacan en su producción cuentística Ternuras interrumpidas (Fabulario casi naif) (2003) y Esquina inferior (2012). Es también autor de los libros de microrrelatos Baúl de prodigios (2007) y Revelaciones y Magias (2009), así como de la novela, Las manos (2014), una historia épica de un hombre con aspiraciones a héroe, que emprende un viaje homérico en busca de una misión extravagante: recuperar la Copa del Mundo de Fútbol que ha sido robada.

Su vuelta al género breve, un escenario por donde se mueve a sus anchas, es para sus lectores más fieles toda una celebración. En estas voces reunidas, el autor, además, incluye varios collages, obra de su padre, como separata de cada uno de los cinco bloques que componen el libro, un conjunto de ochenta y tres microrrelatos que encarnan historias mínimas del pasado, presente y futuro de la vida de su autor, plasmadas a golpe de espejismos y evanescencias.

El lector descubrirá que al escritor granadino le basta una imagen de partida para trazar su relato. La clave está en aprovechar esa instantánea imaginativa, mayormente enigmática, que propiciará el tono y el enfoque narrativo preciso a su epifanía.

¿Qué encontramos en estas Voces para un tímpano muerto?: un buen puñado de historias reducidas, desconcertantes, anómalas, microhistorias empapadas de reflexión poético-metafísica, bajo un lenguaje incisivo y pulido, donde la síntesis y la elipsis son sus ejes, dos aspectos que Miguel A. Zapata domina con solvencia. En este volumen tan poliédrico hallamos personajes con intentos heroicos de resistencia, con formas desusadas de amor y frágiles ante la carne. Vemos a una madre volcando su tiempo sobre una cuna amenazada por incontables peligros, igual que descubrimos peleas y reconciliaciones domésticas. Pero también nos topamos con el juego loco de un ser extraño que colecciona los ojos de la gente que ama. En otra pieza, el ansia felina de otro amante malogra su relación sentimental. También una divinidad fantástica llamada Sdoi, hacedor de seres y enseres, tendrá sus momentos de gloria, al igual que la estatua de la Libertad, vigilante del skyline de Manhatan, y protectora de los inmigrantes que se acercan a la bahía del Hudson...

En otros bloques narrativos del libro descubrimos las mutaciones de algunos miembros de una familia que entran en un cuarto oscuro y se transforman unos en otros, o la música envolvente que expande una madre por la casa para disfrute de todos los que la habitan, o los encuentros emocionantes de un niño con sus muñecos desmembrados y desperdigados por toda la casa, o la extraña sensación de sentir una grieta en la cabeza de uno por donde se escapan los recuerdos de la infancia...

En Voces para un tímpano muerto no faltan presagios apocalípticos, ni rondas de poetas dispuestos a encontrar el poema imposible, ni laboratorios cósmicos para mostrar los productos oníricos de los sueños y las vigilias de los hombres, ni tampoco faltan pasajeros obcecados en agotar el billete del tren de su vida, ni invitación solícita al pecado, o a tomar el té de las cinco de diferentes formas, hasta acabar en un microrrelato final apoteósico y revelador, bajo los compases de una música gregoriana.


Miguel A. Zapata firma un libro lúcido, claramente perturbador y nada complaciente, un conjunto de fábulas alucinantes y complejas, pese a su brevedad, en las que el gusto por el lirismo y la experimentación conforman su verdadera esencia narrativa. Literatura sin anestesia, en definitiva, literatura para atrevidos.